Mujercitas
Mujercitas —¡Válgame el cielo! ¿Qué puedo decir después de esto? —exclamó Sallie cuando Fred terminó su atropellada narración, que era un auténtico galimatÃas de términos náuticos y aventuras sacadas de sus libros favoritos—. Llegaron al fondo del mar, donde les dio la bienvenida una atractiva sirena, que se entristeció mucho al encontrar una caja con caballeros sin cabeza. Los puso en salmuera con idea de averiguar aquel misterio, puesto que, por su condición femenina, era muy curiosa. Al correr el tiempo, un buceador pasó junto a la sirena y ésta le dijo: «Si te la puedes llevar, te regalo esta caja de perlas». HabÃa decidido devolver a su lugar a los caballeros, pero no podÃa llevarlos ella porque pesaban demasiado. El buceador se sintió defraudado cuando abrió la caja y vio que no contenÃa perlas. La dejó en un campo abandonado, donde la encontró…
—… una niña que cuidaba a cien gansos bien alimentados que vivÃan en el campo —continuó Amy cuando Sallie dio por terminada su parte—. La niña sintió lástima por los caballeros y le preguntó a una anciana qué podÃa hacer para ayudarlos. «Tus gansos te lo dirán, lo saben todo», contestó la mujer. Asà pues, les preguntó qué podÃa ponerles por cabeza, puesto que habÃan perdido las suyas, y los cien gansos abrieron el pico a un tiempo y exclamaron…