Mujercitas
Mujercitas 
Al llegar octubre, con sus dÃas más frÃos y sus tardes más cortas, Jo empezó a pasar mucho tiempo encerrada en el desván. En las dos o tres horas durante las que el sol se filtraba por la ventana y calentaba la estancia, se la podÃa ver sentada en el viejo sillón, escribiendo, con los papeles esparcidos sobre un baúl que hacÃa las veces de mesa, mientras Scrabble, el ratón amigo de la familia, se paseaba por las vigas del techo en compañÃa de su hijo mayor, un ratoncillo muy orgulloso de sus bigotes. Plenamente concentrada en el trabajo, Jo escribió hasta dar por terminada su obra. En la última página estampó una firma con florituras, soltó la pluma y exclamó:
—¡Ya está! ¡Esto es lo mejor que puedo hacer! Si no es suficiente, tendré que esperar un tiempo, hasta que sea capaz de mejorarlo.
