Mujercitas
Mujercitas —Depende de cómo y dónde se divierta. No me gustan Ned ni su pandilla y preferirÃa que te mantuvieses alejado de ellos. Mamá no nos permite invitarle a casa por mucho que él quiere venir. Y si te comportas como él, dudo mucho que nos deje seguir viéndonos.
—¿No nos dejarÃa? —inquirió Laurie, inquieto.
—No. No soporta a esos jóvenes petimetres y, si fuera preciso, nos encerrarÃa en una sombrerera antes que dejar que nos relacionásemos con ellos.
—Bueno, por ahora no es preciso que utilice la sombrerera; no soy un joven petimetre ni pienso serlo. De todos modos, me gusta hacer alguna travesura inocente de vez en cuando. ¿A ti no?
—SÃ, eso no tiene nada de malo. Se pueden hacer travesuras, pero sin perder el norte, ¿de acuerdo? De lo contrario, será el fin de los buenos tiempos.
—Seré la quintaesencia de la santidad.
—No soporto a los santos; simplemente sé sencillo, honrado y respetable y no habrá problemas entre nosotros. No sé qué harÃa si te comportases como el hijo del señor King; tenÃa tanto dinero y tan poca idea de en qué invertirlo que no se le ocurrió más que dilapidarlo en el juego y se marchó arruinando el buen nombre de su padre. Tengo entendido que la familia pasó un mal trago.