Mujercitas
Mujercitas —PodrÃas enseñarme. AsÃ, cuando representemos Hamlet, podrÃas hacer de Laertes y la escena de la lucha quedará estupenda.
Laurie soltó una carcajada franca que hizo sonreÃr a varios peatones, aun a su pesar.
—Te enseñaré tanto si representamos Hamlet como si no; es muy divertido y te ayudará a mantenerte erguida, pero no creo que esa sea la auténtica razón por la que has dicho «me alegra» con tanta decisión. ¿Me equivoco?
—No. Me alegro de que no estuvieses en el billar. ConfÃo en que nunca irás a esa clase de lugares.
—No voy con frecuencia.
—PreferirÃa que no lo hicieses nunca.
—No hay nada malo en ello, Jo. Tengo un billar en casa pero, sin buenos jugadores, no tiene gracia. Y como soy muy aficionado, algunas veces voy a un salón a jugar con Ned Moffat u otros amigos.
—¡Oh, querido, lo lamento! Eso solo hará que cada vez te guste más, malgastes tiempo y dinero y termines por ser como esos horribles muchachos. Esperaba que tuvieses un comportamiento respetable y fueses un ejemplo para tus amigos —dijo Jo meneando la cabeza.
—¿No puede un joven divertirse sin dejar por ello de ser respetable? —preguntó Laurie algo molesto.