Mujercitas
Mujercitas —EnvÃa un telegrama para informar de que iré de inmediato. Tomaré el tren que parte mañana temprano. No hay otro antes.
—¿Algo más? Los caballos están listos, puedo ir a donde sea preciso y hacer lo que requiera —dijo el muchacho, que parecÃa dispuesto a ir al fin del mundo si se lo pidiesen.
—Lleva una nota a la tÃa March. Jo, acércame papel y pluma.
La joven arrancó un trozo en blanco de la hoja en que estaba escribiendo y arrimó la mesa a su madre. SabÃa que para realizar el largo y penoso viaje necesitarÃa pedir dinero y ya pensaba en cómo podrÃa ayudar a recaudar una suma mayor para su padre.
—Ahora, ve, querido, pero no te pongas en peligro conduciendo a una velocidad excesiva; no es necesario.
Por supuesto, el joven hizo caso omiso de la advertencia de la señora March y, cinco minutos después, pasó junto a la ventana cabalgando como si le fuese la vida en ello.