Mujercitas

Mujercitas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Durante unos minutos, no se oyeron en la habitación más que sollozos y palabras de ánimo entrecortadas, tiernas promesas de ayuda y susurros esperanzados que terminaban en llanto. La pobre Hannah fue la primera en recuperarse y, con la sabiduría natural que la caracterizaba, se convirtió en ejemplo para el resto al buscar consuelo en el trabajo, que consideraba la panacea de todos los males.

—¡Que el Señor salve a este buen hombre! No perderé tiempo llorando, iré a preparar sus cosas enseguida, señora —dijo, con el corazón roto, secándose las lágrimas con el delantal. A continuación, tendió sus manos encallecidas para apretar con ternura las de la señora March y fue a hacer ella sola el trabajo de tres mujeres.

—Tiene razón. No hay tiempo para lamentaciones. Niñas, tranquilizaos y dejad que piense.

Las pobrecillas lo intentaron, mientras su madre, pálida pero serena, hacía a un lado el dolor para pensar y organizar el plan del viaje.

—¿Dónde está Laurie? —preguntó de súbito.

—Aquí estoy, señora. Por favor, dígame en qué puedo ayudarla —rogó el muchacho, que llegó corriendo desde la habitación contigua, a la que se había retirado porque había sentido que un trance así requería intimidad y era tan sagrado que hasta la presencia de un amigo estaba de más.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker