Mujercitas
Mujercitas —Es uno de esos horribles telegramas, señora —dijo tendiéndoselo como si temiese que fuese a estallar y provocar una pérdida irreparable.
La señora March lo abrió de inmediato, leyó las dos líneas que lo componían y se desplomó, blanca como el pedazo de papel que había producido el efecto de una bala en su corazón. Laurie corrió escaleras abajo a buscar agua, mientras Meg y Hannah sujetaban a la señora March y Jo leía en voz alta, asustada:
Señora March:
Su esposo está muy enfermo. Venga enseguida.
S. HALE
Hospital Blank. Washington
Se hizo el silencio en la sala mientras escuchaban, sin respirar siquiera, el contenido del telegrama. Pareció que el día oscurecía de súbito y el mundo cambiaba por entero mientras las hermanas rodeaban a su madre, como si temiesen que fuesen a arrebatarles la felicidad y el aliento de su vida. La señora March se rehízo de inmediato; leyó nuevamente el mensaje y tendió los brazos para abrazar a sus hijas, mientras decía, en un tono que nunca olvidarían:
—Me iré enseguida, pero tal vez sea demasiado tarde. ¡Oh, hijas, hijas! ¡Ayudadme a soportarlo!