Mujercitas
Mujercitas —¿Quién se anima a dar una vuelta en coche conmigo? He estado estudiando matemáticas hasta marearme y necesito salir a que se me refresquen las ideas. El dÃa está gris, pero no hace demasiado frÃo y aprovecharé para dejar a Brooke en su casa, asà que si el ambiente no acompaña fuera, lo hará dentro del coche, Jo, ven conmigo. Beth, tú también te apuntas, ¿verdad?
—Por supuesto.
—Muchas gracias, Laurie, pero yo estoy ocupada —dijo Meg, que se apresuró a sacar su cesto de las labores, porque habÃa convenido con su madre que era mejor, al menos para ella, que no la vieran demasiado con aquel joven caballero.
—Señora March, ¿necesita que haga algún recado? —preguntó Laurie, inclinado sobre la butaca en que se habÃa sentado la mujer, con la expresión y el tono cariñosos con que solÃa dirigirse a la madre de las niñas.
—No, gracias, querido, salvo tal vez pasar por la oficina de correos, si eres tan amable. Es el dÃa en que solemos recibir carta, pero el cartero no ha pasado. Mi esposo es puntual como un reloj; supongo que habrá surgido algún imprevisto que ha retrasado la entrega.
El sonido de un timbre interrumpió la charla y, al minuto siguiente, Hannah entró con algo en las manos.