Mujercitas
Mujercitas —Meg, querida, sé juiciosa y cuida de tus hermanas, busca el consejo de Hannah y, si no sabes qué hacer ante algo, pídele ayuda al señor Laurence. Jo, ten paciencia, no te desanimes ni actúes por impulso, escríbeme con frecuencia y sé valiente, muéstrate siempre dispuesta a ayudar y animar a tus hermanas. Beth, busca consuelo en la música pero no desatiendas las labores del hogar, y en cuanto a ti, Amy, ayuda cuanto puedas, obedece y quédate en casa, tranquila y contenta.
—Así lo haremos, mamá, no temas.
El ruido de un carruaje que se aproximaba interrumpió la conversación. Llegó entonces el momento más duro, pero las chicas supieron sobrellevarlo; ninguna lloró, ninguna echó a correr, no dejaron escapar lamento alguno a pesar de que la pena les atenazaba el alma mientras daban a su madre recuerdos y palabras de cariño para su padre, conscientes de que tal vez fuese ya demasiado tarde para que éstos le llegasen. Besaron a su madre en silencio, la abrazaron con ternura y procuraron mostrarse lo más enteras posibles cuando se despidieron agitando las manos al ver partir el carruaje.
Laurie y su abuelo también habían acudido para despedir a la señora March y el señor Brooke les pareció a todas tan fuerte, sensible y amable que lo bautizaron en el acto Señor Gran Corazón.