Mujercitas
Mujercitas 
Las tranquilas semanas que siguieron fueron como días de sol tras la tormenta. Los enfermos mejoraron y el señor March anunció que esperaba poder estar nuevamente en casa en las primeras semanas del nuevo año. Beth pronto pudo dejar la cama y acostarse en el sofá del estudio, donde al principio se entretuvo jugando con sus queridos gatitos, y luego reanudó el arreglo de sus muñecas, que estaban en un estado lamentable. Sus piernas, antaño tan activas, habían quedado débiles y rígidas, de modo que Jo la ayudaba a dar una vuelta por la casa a diario, sujetándola con sus fuertes brazos. Meg aprendió a cocinar platos delicados para su «querido», y se mostraba encantada a pesar de quemarse y tiznarse sus blancas manos. Y Amy estaba tan feliz de volver a casa y valoraba tanto la unión familiar que insistía en regalar sus tesoros a sus hermanas, siempre que éstas los aceptaban.
