Mujercitas
Mujercitas —Ve a cenar. Te sentirás mejor después. Los hombres siempre están gruñones cuando tienen hambre —dijo Jo dirigiéndose hacia la puerta principal.
—Ésa es la marca de los mÃos —repuso Laurie repitiendo una frase que solÃa decir Amy. Después fue a compartir el pastel con su abuelo, que se portó como un santo y le trató con exquisito respeto durante el resto del dÃa.
Todos dieron el asunto por zanjado y la nube desapareció, pero el mal estaba hecho y, aunque el resto lo olvidó, Meg lo recordaba todo. No volvió a referirse a determinado caballero, pero pensaba mucho en él y fantaseaba más que nunca. Un dÃa, mientras buscaba sellos en el escritorio de su hermana, Jo encontró un trozo de papel emborronado de arriba abajo con las palabras «señora de John Brooke». Al verlo profirió un grito de espanto y lo lanzó a la chimenea, pensando que la broma de Laurie habÃa precipitado el final de sus dÃas de paz.