Mujercitas
Mujercitas —Os mostraré una —dijo él y, tomando la mano que su hija habÃa apoyado en su butaca, señaló unas marcas en el Ãndice, una quemadura en el dorso y varias durezas en la palma—. Recuerdo que en otra época tu mayor preocupación era tener las manos blancas y suaves. Eran preciosas entonces, pero ahora me lo parecen mucho más porque estas señales me cuentan una historia. La quemadura indica que eres capaz de sacrificar tu vanidad, las durezas en las palmas no se deben a simples ampollas y estoy seguro de que lo que han cosido estos dedos llenos de pinchazos durará mucho tiempo porque cada puntada fue realizada, a conciencia. Querida Meg, valoro mucho más estas cualidades femeninas capaces de mantener un hogar feliz que unas manos blancas u otros atributos de moda. Me enorgullece estrechar una mano tan laboriosa y espero no tener que entregarla demasiado pronto.
Meg no hubiese podido soñar con mejor recompensa por su paciente labor que el cálido apretón de manos y la sonrisa de aprobación de su padre.
—¿Y qué hay de Jo? Por favor, di algo bonito de ella, porque se ha esforzado mucho y ha sido muy, muy buena conmigo —susurró Beth en el oÃdo de su padre.
El señor March rió y miró a la joven alta sentada frente a él, cuyo rostro moreno tenÃa una expresión extrañamente dulce.