Mujercitas
Mujercitas Mientras hablaba, Laurie entregó a Meg un paquete envuelto en papel marrón, deshizo el lazo del cabello de Beth, se quedó mirando el gran delantal de Jo e hizo una reverencia teatral a Amy. Luego estrechó la mano de todas y empezaron a charlar animadamente.
—¿Dónde está John? —preguntó Meg, nerviosa.
—Ha ido a buscar el permiso para mañana, señora.
—¿Quién ha ganado el último partido, Teddy? —inquirió Jo, que, a pesar de tener diecinueve años cumplidos, seguía muy interesada por los deportes masculinos.
—Nosotros, por supuesto. Me habría encantado que estuvieses allí para verlo.
—¿Qué tal está la encantadora señorita Randal? —preguntó Amy con una sonrisa pícara.
—Más cruel que nunca, ¿no ves cómo sufro? —Y Laurie se propinó una sonora palmada en el pecho y exhaló un melodramático suspiro.
—¿Cuál es la última broma? Meg, abre el paquete y así nos enteraremos —propuso Beth mirando con gran curiosidad el paquetito.