Mujercitas
Mujercitas El quinto acto arranca con una tormentosa discusión entre Zara y Don Pedro. Él pretende encerrarla en un convento; ella se niega a cumplir el deseo de su padre y, tras unas conmovedoras palabras de súplica, parece a punto de perder el conocimiento, pero en ese momento llega Rodrigo a pedir su mano. Don Pedro alega que no es rico y no se la concede. Ambos gritan y hacen grandes aspavientos, no consiguen llegar a un acuerdo, y cuando Rodrigo se dispone a llevarse a la exhausta Zara, el criado tÃmido entra para entregarle una carta y un saco de parte de Hagar, que ha desaparecido misteriosamente. En la misiva, la bruja explica que lega a la pareja su inmensa fortuna y advierte a Don Pedro que, si se opone a su felicidad, le espera un destino atroz. Abren el saco y cae sobre el escenario una lluvia de monedas doradas que llenan de resplandor el suelo. La visión del oro ablanda al «severo padre», que finalmente da su consentimiento. Todos cantan a coro, los amantes se arrodillan para recibir la bendición de Don Pedro y, en medio de esa escena romántica llena de gracia, cae el telón.
