Mujercitas
Mujercitas —¡La tÃa March ha tenido un arranque de bondad y nos ha mandado comida! —exclamó Jo, a quien acababa de ocurrÃrsele la idea.
—Os equivocáis todas —intervino la señora March—. Todo esto lo ha enviado el señor Laurence.
—¡El abuelo del joven Laurence! ¿Cómo se le habrá ocurrido algo as� Ni siquiera le conocemos —exclamó Meg.
—Hannah comentó a su criada lo que habÃa sucedido esta mañana, con el desayuno. Es un anciano de buen corazón y la historia le conmovió. Conoció a mi padre años atrás y esta tarde me ha enviado una nota muy educada en la que me pedÃa que le permitiese mostrar su aprecio por vosotras haciéndonos llegar unas golosinas en razón del dÃa. No podÃa negarme, y aquà tenéis este festÃn que os compensará por el pan con leche de esta mañana.
—Esto es cosa del joven, ¡seguro que la idea fue suya! Es un muchacho extraordinario y me encantarÃa conocerle mejor. Parece que quiere que nos acerquemos a él, pero es muy tÃmido y Meg, que es una remilgada, no me deja saludarle cuando nos cruzamos con él —expuso Jo mientras el helado, que empezaba a derretirse en las bandejas, pasaba de mano en mano y era recibido con exclamaciones de satisfacción.