Mujercitas
Mujercitas Si el lunes el tiempo no acompañaba, la reunión se pospondría hasta el martes, una idea que incomodaba sobremanera a Hannah y a Jo. El lunes amaneció con una inestabilidad mucho más exasperante que el peor de los diluvios. Lloviznó un poco, salió el sol, sopló el viento un rato y el tiempo no se decidió hasta que fue demasiado tarde para que el resto se organizara. Amy se despertó muy temprano y apremió a todos para que salieran de la cama, desayunaran y le ayudaran a ordenar la casa. La sala le pareció más rancia que nunca pero, sin detenerse a suspirar por lo que no estaba en su mano, hizo lo posible por sacar partido a lo que tenía. Dispuso las sillas de manera que ocultasen partes raídas de las alfombras, cubrió manchas en la pared con cuadros enmarcados con hiedra y colocó esculturas hechas por ella en varios rincones, para dar un aire más artístico al espacio y completar el efecto logrado por Jo, que había puesto aquí y allá bonitos jarrones con flores.