Mujercitas
Mujercitas —No te preocupes por mÃ; estaré más tiesa que un palo y procuraré no meterme en lÃos. Bien, ahora ve a contestar la invitación y déjame acabar de leer esta espléndida historia.
Meg se retiró para «aceptar muy agradecida» la invitación, revisar su vestido y canturrear alegremente mientras planchaba el cuello de encaje. Entretanto, Jo terminó de leer el libro, comió las cuatro manzanas que le quedaban y correteó varias veces detrás de Scrabble.
En la noche de Fin de Año, el salón de la casa estaba desierto, pues las dos hermanas menores se divertÃan fingiendo ser ayudas de cámara y las dos mayores estaban enfrascadas en la importante misión de prepararse para la fiesta. Aunque los arreglos eran sencillos, hubo idas y venidas, risas y conversaciones. En un momento dado, un fuerte olor a cabello chamuscado se extendió por la casa. Meg querÃa que algunos rizos le cayeran sobre la cara y Jo se prestó a aplicar las tenacillas calientes sobre los mechones previamente envueltos en papel.

—¿Es normal que salga tanto humo? —preguntó Beth, encaramada en lo alto de la cama.
—Eso ocurre porque el cabello está húmedo y con el calor se seca muy rápido —contestó Jo.