Mujercitas
Mujercitas —Estás muy bien; date la vuelta para que pueda echarte un último vistazo. —Jo obedeció, Amy dio unos últimos retoques y, por último, ladeando un poco la cabeza, comentó alegre—; SÃ, servirá. El peinado perfecto, el sombrero blanco con la rosa resulta simplemente arrebatador. Echa hacia atrás los hombros y deja las manos quietas por mucho que te molesten los guantes. Tú sà sabes llevar bien un chal, yo soy incapaz. Da gusto verte, me alegra mucho que la señora Norton te regalase éste; es sencillo pero bonito, y los pliegues que forma sobre tu brazo quedan realmente bien. Dime, ¿llevo la capa torcida? Si me levanto un poco la falda, ¿queda bien? Me gusta que se me vean las botas, porque tengo unos pies muy bonitos, aunque no la nariz.
—Toda tú eres una belleza, un regalo para la vista —dijo Jo ajustando con aire experto la pluma azul que destacaba sobre la cabellera dorada de su hermana—. Por favor, señorita, explÃqueme, ¿he de arrastrar mi mejor vestido por el polvo o puedo levantar la falda?
—Sujétala cuando camines y déjala caer cuando estés en el interior de la casa. Las faldas largas te favorecen más y debes aprender a arrastrar la cola de los vestidos con soltura. Te falta abotonar uno de los guantes. Hazlo ahora. Nunca estarás del todo bien si no cuidas los detalles, porque de ellos depende la gracia del conjunto.