Mujercitas
Mujercitas —Teddy es un muchacho excepcional, no se le puede poner como ejemplo —declaró Amy con tal solemne convicción que el «muchacho excepcional» se hubiese desternillado de oÃrla—. Si fuésemos mujeres muy bellas o de buena posición, tal vez podrÃamos influir en los demás, pero que nosotras le frunzamos el entrecejo a un joven caballero porque no aprobamos su comportamiento no producirá ningún efecto y solo conseguiremos que nos consideren raras o puritanas.
—¿Quieres decir que tenemos que aceptar las cosas y a las personas que detestamos porque no somos unas bellezas ni millonarias? ¡Bonito sentido de la moral!
—No es que esté de acuerdo, pero asà funciona el mundo. Y la gente que va a contracorriente solo consigue que los demás se burlen de sus penas. No me gustan los reformistas y espero que no pretendas convertirte en una.
—Pues a mà sà me gustan y me encantarÃa unirme a ellos si pudiera porque, por mucho que los demás se mofen, el mundo no avanzarÃa sin su ayuda. No podemos ponernos de acuerdo porque tú perteneces a la vieja escuela, y yo a la nueva. Es posible que tú consigas mejores cosas, pero yo viviré una vida más plena. Y estoy segura de que disfrutaré mucho más que tú.
—Bueno, ahora haz el favor de comportarte y no molestar a la tÃa con tus ideas modernas.