Mujercitas
Mujercitas —Tus principios, generosidad y nobleza de espÃritu son muy superiores a los que yo te suponÃa, Amy. Has actuado de la mejor forma posible y mereces todo mi respeto —dijo Jo, con el corazón en la mano, mientras cepillaba el cabello de su hermana, por la noche.
—SÃ, estamos todas muy orgullosas y apreciamos mucho tu capacidad de perdón. Debió de ser muy duro, después de haberte esforzado tanto y poner todo tu empeño, no poder vender tus obras. No creo que yo hubiese podido reaccionar tan bien como tú —añadió Beth, que estaba recostada sobre la almohada.
—Chicas, no merezco tantos halagos, He actuado como espero que los demás actúen conmigo. Os reÃs de mà cuando os digo que quiero ser una dama, pero en verdad pretendo ser una dama tanto en mis pensamientos como en mis actos. Me esfuerzo al máximo cada dÃa por lograrlo. No sé cómo explicarlo, pero quiero estar por encima de las mezquindades, manÃas y defectos que suponen la perdición de tantas mujeres. Estoy lejos de lograrlo, pero espero que, con el tiempo, consiga ser una mujer excepcional como mamá.
Las palabras de Amy eran sinceras, y Jo la abrazó con cariño mientras decÃa: