Mujercitas

Mujercitas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La tía y Flo lo pasaron muy mal durante la travesía y prefirieron quedarse a solas. Así que, una vez atendidas en la medida de lo posible sus necesidades, me dediqué a mí, con idea de disfrutar un poco. ¡Qué paseos por cubierta, qué puestas de sol, qué aire y qué olas! Cuando el barco va a toda máquina, es casi tan emocionante como galopar en un caballo muy veloz. Me hubiese encantado que Beth hubiese venido con nosotras, le hubiese sentado muy bien. Y en cuanto a Jo, la imaginaba subida al foque o como sea que llamen a esa cosa tan alta, haciéndose amiga de los tripulantes y pasándolo en grande hablando por la bocina del capitán.

A pesar de lo delicioso que resultaba todo, me alegró mucho ver la costa de Irlanda, que es un país precioso, verde y soleado, con alguna que otra cabaña marrón, colinas coronadas por antiguas ruinas y casas de campo de nobles en los valles, con ciervos en los parques. Era muy temprano, pero no me arrepentí de haber madrugado para ver aquella bahía llena de barquitos, el muelle tan pintoresco y el cielo rosado. Era un espectáculo inolvidable.

Uno de mis nuevos amigos, el señor Lennox, se bajó en Queenstown. Cuando mencioné los lagos de Killarney, suspiró melancólico y me cantó una balada que decía:

Menuda tontería, ¿no os parece?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker