Mujercitas
Mujercitas En Liverpool solo nos detuvimos unas horas. Es un sitio sucio y ruidoso, y me alegré de dejarlo atrás. El tío bajó corriendo del barco y compró un par de guantes de piel de perro, unos zapatos bastos y feísimos y un paraguas, y se cortó el pelo à la mutton. Volvió muy orgulloso, jactándose de tener el aspecto de un auténtico británico. Pero el joven limpiabotas negro que le limpió de barro los zapatos no tardó ni dos segundos en ver que era norteamericano y dijo con una mueca: «Ya está, señor, el mejor lustre yanqui». Al tío le hizo muchísima gracia. ¡Ah, que no se me olvide contaros la última ocurrencia de Lennox! Le pidió a su amigo Ward, que viajaba con nosotros, que comprara un ramo para mí, y cuando entré en mi habitación me encontré con las flores y una tarjeta que decía: «Con mis mejores deseos, Robert Lennox». ¿No os parece encantador, chicas? Me gusta mucho viajar.