Mujercitas
Mujercitas —Si me acompaña, lo haré —contestó él haciendo una pequeña reverencia al estilo francés.
—Imposible; he prometido a Meg que no me moverÃa porque… —Se interrumpió de pronto sin saber si contárselo o reÃr.
—¿Porque qué? —siguió Laurie con curiosidad.
—¿No lo imagina?
—No tengo ni idea.
—Bueno, tengo la mala costumbre de ponerme muy cerca de la chimenea, por lo que suelo acabar con la falda chamuscada, y este vestido no es una excepción. Aunque está bien remendado, se nota, y Meg me dijo que no me moviera para que nadie se diese cuenta. Puede reÃrse si quiere, sé que es gracioso.
Sin embargo, Laurie no se rió; bajó la vista un minuto y después, con una expresión en el rostro que desconcertó a Jo, dijo con suma amabilidad:
—No se preocupe, tengo una idea; ahà fuera hay un gran vestÃbulo en el que podremos bailar de maravilla sin que nadie nos vea. Por favor, venga conmigo.