Mujercitas
Mujercitas Jo tenÃa la pregunta en la punta de la lengua, pero se contuvo a tiempo y con un tacto poco habitual en ella optó por buscar la respuesta de forma indirecta.
—Supongo que no tardará en ir a la universidad. Ya le veo empollando los libros… Quiero decir estudiando mucho. —Jo se ruborizó por el vulgar «empollar» que se le habÃa escapado.
Laurie sonrió, no pareció escandalizado, y respondió encogiéndose de hombros:
—TodavÃa faltan dos o tres años; en cualquier caso, no iré antes de cumplir los diecisiete.
—¿No tiene más que quince años? —inquirió Jo mirando al joven alto, al que echaba unos diecisiete.
—Cumpliré dieciséis el mes que viene.
—¡Cómo me gustarÃa ir a la universidad! En cambio a usted no parece que le haga mucha ilusión.
—¡Detesto la idea! En la universidad todo son burlas y travesuras, y no me gusta cómo los jóvenes de este paÃs hacen estas cosas.
—¿Qué le gustarÃa?
—Vivir en Italia y pasarlo bien a mi manera.
Jo sintió el deseo de preguntarle qué manera era ésa, pero al observar que el joven fruncÃa el entrecejo, decidió cambiar de tema y, siguiendo el compás con el pie, comentó:
—Esta polca es espléndida. ¿Por qué no va a bailar?