Mujercitas
Mujercitas —Le aseguro que es cierto. Si armarnos demasiado ruido, hágamelo saber y bajaremos el tono.
Prometà que asà lo harÃa. Sin embargo, dejé la puerta abierta y disfruté de la diversión tanto como ellos, porque nunca habÃa visto un jolgorio semejante. Jugaron a pillar, a los soldados, bailaron, cantaron y, cuando empezó a hacerse de noche, se tumbaron en el sofá, alrededor del profesor, quien les contó encantadores cuentos de hadas sobre las cigüeñas que anidan en las chimeneas y sobre los kobold, unos pequeños espÃritus que viajan en los copos de nieve. SerÃa fantástico que los americanos fuesen tan sencillos y naturales como los alemanes, ¿no estáis de acuerdo?
Disfruto tanto escribiendo que no pararÃa nunca, pero he de dejarlo por un asunto de dinero. Aunque uso un papel muy fino y escribo con letra pequeña, tiemblo al pensar lo que me voy a gastar en sellos para enviar esta larga carta. Mandadme las de Amy en cuanto las hayáis leÃdo. Sé que después de sus espléndidas aventuras mis anécdotas resultarÃan simples, pero imagino que os gustará recibir noticias mÃas. ¿Qué le pasa a Teddy? ¿Estudia tanto que no le queda tiempo para escribir a sus amigos? Cuida bien de él por mÃ, Beth, contadme cómo están los niños y dad muchos besos de mi parte a todos. Os quiere,
JO