Mujercitas
Mujercitas Como no disponÃa de mucho dinero ni sabÃa bien qué podÃa hacerle ilusión, le compré varios detalles y los fui dejando por su habitación, para que los encuentre cuando menos se lo espere. Los regalos eran prácticos, bonitos o divertidos: un escurreplatos, un florero —siempre tiene en su cuarto una flor, o la hoja de alguna planta, en un vaso porque dice que le refresca— y una manopla de cocina para que no siga quemando sus «mouchoirs», como dirÃa Amy, al sacar algo del fuego. La hice como la que Beth regaló a Meg, gruesa y en forma de mariposa, con alas amarillas y negras, antenas de estambre y ojos de abalorios. Le gustó muchÃsimo y la colocó sobre la repisa de la chimenea como un artÃculo de decoración, por lo que al final no servirá a su propósito. Aunque es un hombre pobre, hizo regalos a todos, desde los criados hasta los niños, y todos, desde la señora de planchar francesa hasta la señorita Norton, pensaron en él. Me alegro mucho de que asà sea.