Mujercitas
Mujercitas La noche de Fin de Año, organizaron un baile de disfraces y lo pasarnos en grande. Yo no pensaba ir, porque no tenía nada que ponerme, pero al final la señora Kirke me prestó un vestido viejo de brocado y la señorita Norton me colocó unos encajes y unas plumas. Así pues, disfrazada de la señora Malaprop, me puse una máscara y bajé a la fiesta. Disimulé la voz y nadie me reconoció. Nadie imaginó que era la callada y altiva señorita March (todos me consideran una mujer fría y estirada, porque es como suelo mostrarme ante los mequetrefes) quien bailaba y vestía de una forma tan alocada, como si fuese una «alegoría de las orillas del Nilo». Me divertí mucho y, cuando llegó la hora de mostrar el rostro, me reí al ver la cara de sorpresa de todos. Oí a un joven comentar a otro que yo era actriz; hasta dijo recordar haberme visto en teatros de poca importancia. A Meg le hubiese encantado la broma. El señor Bhaer se disfrazó de Nick Bottom y Tina, del hada Titania. Verlos bailar juntos era «todo un espectáculo», como diría Teddy.
Así pues, el Fin de Año resultó estupendo. Más tarde, ya de vuelta en mi habitación, me puse a pensar en ello y llegué a la conclusión de que, a pesar de los errores cometidos, voy progresando poco a poco. Ahora estoy casi siempre contenta, trabajo con ganas y me intereso por los demás más que antes, lo que está muy bien. Que Dios os bendiga a todos. Os quiere,