Mujercitas
Mujercitas —Yo siempre me retiro pronto. De veras. Por favor, permÃtame que las acompañe a su casa; como sabe, me pilla de camino y, además, creo que está lloviendo.
Ese argumento terminó de convencer a la joven. Jo dijo que Meg no se encontraba bien, agradeció la ayuda y corrió a buscar a su hermana y a Hannah. Esta última detestaba la lluvia tanto como los gatos, de modo que no puso ninguna pega, y las tres abandonaron la fiesta en un lujoso carruaje, felices y sintiéndose importantes. Como Laurie se habÃa instalado en el pescante, Meg puso el pie en alto y las jóvenes comentaron cómo les habÃa ido en la fiesta con total libertad.
—Yo lo he pasado de maravilla, ¿y tú? —preguntó Jo, mientras se deshacÃa el peinado y se ponÃa cómoda.
—Yo también, hasta que me torcà el tobillo. Le he caÃdo muy bien a Annie Moffat, la amiga de Sallie, y me ha pedido que vaya con Sallie a pasar una semana a su casa, en primavera, cuando empiece la temporada de ópera. SerÃa estupendo que mamá me dejase ir —contó Meg, entusiasmada ante la idea.
—Te he visto bailar con el joven pelirrojo del que yo habÃa huido, ¿es agradable?
—¡Oh, mucho! Y tiene el cabello castaño cobrizo, no rojo; es un joven muy educado y he bailado una magnÃfica redowa con él.