Mujercitas
Mujercitas Como el tul no era caro en Niza, eligió esta tela para cubrirse aquella noche y, de acuerdo con la costumbre inglesa que indica que las jóvenes solteras han de vestir ropa sencilla, escogió un traje discreto y se adornó con flores naturales, algo de bisutería y unos complementos elegantes pero nada caros que lucían mucho. Hay que reconocer que, en el caso de Amy, a veces la artista le ganaba la partida a la mujer y apostaba por peinados extravagantes, poses estatuarias y telas sofisticadas. Pero todos tenemos defectos y no es difícil perdonar las debilidades de una joven que alegra la vista con su encanto y nos hace sonreír con su ingenua vanidad.
Quiero que me vea estupenda y que lo comente a todos cuando vuelva a casa, pensó Amy mientras se ponía un viejo vestido blanco de seda de Flo y lo cubría con un chal de tul que, al destacar el blanco de sus hombros y el dorado de su cabello, creaba un efecto de lo más artístico. Después de intentar recoger sus gruesos bucles y rizos en un mono en la nuca, tuvo el acierto de dejarse la melena suelta.
«No es lo que se lleva, pero me favorece y no puedo ir hecha un espantajo», solía decir cuando le recomendaban que se hiciese trenzas, se rizase o se ahuecase el pelo, como mandaba la moda.