Mujercitas
Mujercitas —Algo sospechaba pero, como nadie me dijo nada y tú partiste de viaje, supuse que estaba equivocada. ¿Jo no te correspondió? ¿Por qué? Hubiese jurado que te querÃa con locura.
—Me querÃa, sÃ, pero no en la forma que yo esperaba. Y puesto que crees que soy un hombre tan indigno, es una suerte para ella que no se enamorase de mÃ. De todas formas, si ahora soy como soy, es por su culpa. Se lo puedes decir cuando la veas.
A Amy le inquietó que la expresión del rostro de Laurie volviese a ser dura y amarga, porque no sabÃa qué bálsamo aplicar.
—He hecho mal en criticarte, no sabÃa qué te ocurrÃa. Discúlpame, estaba muy enfadada. Teddy, querido, me gustarÃa que lo encajases mejor.
—No me llames como lo hace ella. —Laurie levantó una mano para impedir que Amy siguiese hablando con ese tono, mitad comprensivo, mitad reprobador, tan propio de su hermana—. Veremos cómo te lo tomas cuando te ocurra a ti —añadió en voz baja, mientras arrancaba un puñado de hierbas.
—Yo lo encajarÃa con mayor entereza, y procurarÃa ganarme el respeto de la otra persona si no pudiera conquistar su amor —exclamó Amy, con la seguridad que da hablar de lo que no se ha sufrido.