Mujercitas
Mujercitas Dame, porque en verdad lo necesito, parte de tu valor, tu sabidurÃa y tu dulzura, que te han permitido recorrer gozosamente el duro camino del deber. Dame algo de tu naturaleza desinteresada, que, unida a tu divina caridad, te lleva a perdonar las afrentas en nombre del amor. Corazón bondadoso, ¡apiádate de mÃ!
De ese modo, la hora de nuestra separación resultará menos dolorosa y amarga y, mientras aprendo la dura lección, esta terrible pérdida se convierte en ganancia. Porque el dolor moderará mi natural rebeldÃa, dará a mi vida aspiraciones más elevadas y renovará mi fe en lo desconocido.
Y, cuando hayas cruzado el rÃo, sé que habrá un espÃritu amado y cercano a mà esperándome en la otra orilla. La esperanza y la fe nacidas del pesar se convertirán en mis ángeles guardianes, y tú, querida hermana, que partiste antes que yo, serás quien me guÃe en el camino a casa.