Mujercitas
Mujercitas Rara vez lo es y, desde la perspectiva de quien cumple veinticinco años, los treinta pueden parecer el fin de todo, pero la verdad no es tan mala como amenaza y es posible seguir feliz cuando se tiene un buen respaldo. A los veinticinco, las jóvenes empiezan a comentar la posibilidad de quedarse solteras pero, en secreto, piensan que eso no les ocurrirá jamás. A los treinta, no dicen nada pero aceptan las circunstancias en silencio y, si son inteligentes, se consuelan pensando que tienen por delante veinte años de felicidad en los que aprender a envejecer con elegancia. No os riáis de las solteronas, jovencitas, porque suelen ser muy sensibles y ocultan trágicas historias de amor en corazones que laten quedamente bajo sobrios vestidos, y su silente renuncia a la juventud, la ambición y el amor vuelve sus apagados rostros especialmente hermosos a los ojos de Dios. Hay que entender incluso a las hermanas tristes y amargadas, porque no han conocido el aspecto dulce de la vida, y verlas con compasión, no con desdén; vosotras, jovencitas en la flor de la vida, recordad que la flor se marchitará, que la tez no permanecerá eternamente tersa y sonrosada, que en el cabello castaño aparecerán hebras plateadas y que, llegado un punto, la ternura y el respeto os parecerán tan valiosos como hoy lo son el amor y la admiración.