Mujercitas
Mujercitas —Gracias, no creo merecer ese calificativo. Sin embargo, cuando estaba dando tumbos por el mundo, conocà a muchos jóvenes con talento que tenÃan que hacer toda clase de sacrificios y soportar privaciones para poder cumplir sus sueños. La mayorÃa de ellos eran muchachos estupendos, que trabajaban como héroes, pobres y sin amigos, pero con un coraje, una paciencia y una ambición que hacÃan que me avergonzara de mà mismo y sintiese ganas de echarles una mano. A esa clase de gente da gusto ayudarlos, porque tienen talento, y es un honor servirlos e impedir que se detengan o se retrasen por falta de medios. Es un consuelo poder animarlos y brindarles ayuda para que no desesperen.
—Tienes razón, pero hay otra clase de personas que no piden ayuda y sufren en silencio. Sé de qué hablo porque lo he vivido, antes de que me convirtieses en una princesa. Laurie, las jóvenes con ambición lo pasan francamente mal y, a menudo, ven escapar oportunidades preciosas porque les falta la ayuda en el momento preciso. La gente se ha portado muy bien conmigo y, cuando veo a una joven luchar como nosotras tenÃamos que hacerlo, siento ganas de tenderle una mano y ayudarla como hicieron conmigo.