Mujercitas
Mujercitas —Que Dios la bendiga, no creo que piense lo mismo cuando esté casada con un hombre de letras y tenga que mantener a sus pequeños profesores y profesoras. No nos meteremos ahora, pero buscaremos la ocasión y los ayudaremos aunque no lo quieran. Yo le debo a Jo parte de mi educación y, como es de bien nacidos pagar las deudas, lo haré de forma indirecta.
—Qué hermoso es poder ayudar a los demás, ¿no te parece? Ése ha sido siempre mi sueño, estar en condiciones de dar sin pedir nada a cambio, ahora, gracias a ti, mi sueño se ha hecho realidad.
—Haremos mucho bien, ya lo verás. Me gustarÃa ayudar a una clase de pobres en particular. Los mendigos reciben ayuda, pero los caballeros pobres no, porque no la piden y nadie se atreve a ofrecerles caridad. Sin embargo, existen mil maneras de ayudarlos con delicadeza, sin ofenderlos. He de confesar que prefiero ayudar a un caballero venido a menos que a un pobre que me dé coba. Quizá no esté bien, pero es lo que pienso, aunque resulte más difÃcil.
—Porque hay que ser un caballero para hacerlo —añadió el otro miembro de la sociedad de ayuda al necesitado.