Mujercitas
Mujercitas —Si Jo se casa con el señor Bhaer, ¿te molestará?
—Oh, ya veo, de modo que ése es el problema, ¿no es cierto? Pensaba que mi hoyuelo no te acababa de convencer… Te aseguro que el dÃa en que Jo se case bailaré feliz en el convite, ya que me siento el hombre más afortunado de la Tierra. ¿Lo dudas, mon amie?
Amy le miró satisfecha, el último rastro de celos desapareció para siempre y le dio las gracias llena de amor y confianza.
—Me gustarÃa hacer algo por nuestro magnÃfico y viejo profesor. ¿Y si nos inventamos que un pariente lejano suyo acaba de morir en Alemania dejándole una pequeña fortuna? —comentó Laurie cuando empezaron a caminar por la sala cogidos del brazo, como les gustaba hacer para recordar sus paseos por el jardÃn del castillo.

—Jo lo descubrirÃa y desbaratarÃa el plan. Ella le quiere como es y ayer me comentó que la pobreza le parecÃa algo hermoso.