Mujercitas
Mujercitas —¿Les gustan las nueces?
—Tanto como a una ardilla.
—Llevemos también mosto de Hamburgo. ¿Se puede brindar por la patria con eso?
Jo frunció el entrecejo ante tamaño dispendio y se preguntó por qué no comprar un capazo de dátiles, un barril de pasas y un saco de almendras y acabar de una vez. Mientras tanto, el señor Bhaer le confiscó el monedero, sacó el suyo y compró uvas, un tiesto de margaritas rosas y miel en una bonita damajuana. Después, metió como pudo los paquetes en los bolsillos, que se deformaron, le hizo entrega de las flores, abrió el viejo paraguas y siguieron su camino.
—Señorita March, le he de pedir un gran favor —empezó el profesor después de recorrer, mojándose, media calle.
—SÃ, señor. —El corazón de Jo empezó a palpitar con fuerza, tan ansiosa estaba por oÃr lo que le tenÃa que pedir.
—Disculpe que se lo diga asÃ, bajo la lluvia, pero el tiempo apremia.
—SÃ, señor. —Jo apretó tan fuerte el tiesto de flores que a punto estuvo de romperlo.
—Me gustarÃa comprarle un vestido a la pequeña Tina y no me atrevo a hacerlo solo, soy demasiado estúpido. ¿Le importarÃa acompañarme y ayudarme a elegirlo?