Ocho primos
Ocho primos —No, tÃo; nosotras estudiábamos gramática inglesa, y analizaba oraciones sin equivocarme. La señorita Power solÃa tenernos como niñas modelo cuando venÃan gentes. Sé que hablo tan correctamente como la mayorÃa de las chicas.
—SÃ, si…; pero somos demasiado descuidados en nuestro propio idioma. Ahora mismo acabas de emplear algunas expresiones que no están bien: «niñas modelo» «correctamente», «gentes».
Rosa se mordió los labios y no tuvo más remedio que admitir que su tÃo tenÃa razón.
—Vamos a tener que modificar algo tu manera de hablar. Una cosa, Rosa; no pretendo que me tomes por modelo en nada, y puedes corregirme en gramática, urbanidad y moral siempre que compruebes que estoy equivocado, y por cierto que he de agradecértelo. De tanto andar por el mundo me he vuelto descuidado; pero deseo que mi niña tenga una educación esmerada, aunque durante todo un año no estudie más que las cosas muy elementales. Piano piano si va lontano.
Hablaba tan en serio y parecÃa tan afligido por haberla humillado, que Rosa se sentó en el brazo de su sillón y le dijo con aire de penitente: