Ocho primos
Ocho primos —Bueno, me encanta saberlo, porque estaba pensando si te habrÃa dado por instalar un restaurante o cosa parecida. ¿Y que es esto, por favor? ¿«Pedazos de Tacos»? Eso es lo que yo leo.
—No, son los «Ensayos de Bacon» —dijo Rosa, con aire de inteligente, después de mirar un instante los garabatos.
—Al parecer, la señorita Power no enseñaba escritura, tal vez porque pensaba que era cosa antigua. Mira esta notita que me dio la tÃa Abundancia, y fÃjate que hermosa caligrafÃa. Fue a una escuela de niñas y aprendió bien un sinfÃn de cosas útiles; y me tomo la libertad de opinar que eso es mucho mejor que media docena de las llamadas disciplinas superiores.
—Bueno, puedo asegurarle que fui una chica despierta en mi clase, y todo lo que me enseñaron lo aprendà perfectamente. Luly y yo éramos las primeras del aula y nos elogiaban mucho por nuestros conocimientos de francés, música y otras cosas —replicó Rosa, un poco ofendida por la critica del tÃo.
—Sin duda; pero si de gramática francesa no estabas mejor que de la inglesa, me atrevo a decir, querida, que los elogios no eran merecidos.