Ocho primos
Ocho primos Fue enorme el efecto de esta notable explosión, en especial el del último hecho consignado. La tía Juana se achicó por completo, pues aquello era tan inesperado y repentino que no acertó a decir una sola palabra. Los anteojos siguieron fijos en Rosa durante un momento, y luego, después de musitar una exclamación, la buena señora se dirigió a su coche y se alejó algo atónita y muy conturbada.
Es posible que su emoción hubiera sufrido un vuelco si hubiese visto a su alocado cuñado bailando una polca con Rosa en el vestíbulo, pues tal es la forma en que conmemoraron el haber conseguido silenciar las baterías enemigas.