Ocho primos

Ocho primos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mientras los muchachos conseguían la leche, Rosa fue corriendo a ver a Febe y le ordenó que dejara los platos, se pusiera el sombrero y llevase de vuelta una nota al tío Alec, en la cual le explicaba su actitud un tanto misteriosa. Febe obedeció, y cuando fue al bote la acompañó Rosa, para decir a los chicos que aun no podía volverse, pero que alguno de ellos podría ir a buscarla cuando desde el balcón les hiciese señas con un trapo blanco.

—¿Y por qué no vienes ahora? ¿Que enredo te traes? Al tío no va a gustarle —dijo Charlie, protestando muy extrañado.

—Haz lo que te digo, criatura; el tío lo entenderá todo y aceptará. Obedece, como me ha obedecido Febe y no hagas preguntas. Puedo tener mis secretos igual que cualquiera —dijo Rosa, alejándose altanera y con tal aire de orgullosa independencia que sus amigos se impresionaron muchísimo.

—Hay algún complot entre el tío y ella —se dijeron los muchachos, alejándose sin más insistencia—; lo mejor es que no nos entrometamos, ¿no es verdad, Febe?

Pero en la isla fueron recibidos con muestras de gran extrañeza. Esto es lo que la nota decía:

Querido tío:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker