Ocho primos
Ocho primos —Mejor que su propio hermano, ¿verdad? —lo interrumpió Archie, que halló consuelo en el reconocimiento de culpas ajenas.
—Bueno, no hace falta que te sientas predicador — protestó Esteban, defendiéndose—. Ninguno de ustedes ha hecho nada, y bien pudieron, pues Mac les tiene más afición que a mÃ. Dice que yo siempre lo pongo nervioso, y la culpa de lo que me pasa es mÃa sólo.
—Todos hemos sido egoÃstas y lo hemos descuidado, de modo que no discutamos más y procuremos portarnos mejor —manifestó Archie, aceptando generosamente más que su parte de culpa, pues habÃa sido menos desatento que cualquiera de los otros.
—Rosa lo ha acompañado con toda abnegación, y no debe extrañarnos que la prefiera a su lado. Yo, en su lugar, pensarÃa lo mismo —interpuso Charlie, convencido de que habÃa sido injusto con la chica.
—¿Saben una cosa, muchachos? Nos hemos comportado mal con Rosa, y tenemos que ponernos al dÃa, sea como sea —opinó Archie, amparado en su sentido del honor y de la obligación de pagar las deudas que se contraen, asà sea con una niña.