Ocho primos
Ocho primos Esto dijo el PrÃncipe con mucha dignidad y sin alterarse, mientras Archie denotaba la satisfacción causada por el buen concepto de su pariente y Esteban se tranquilizaba, convencido de que habÃa cumplido su deber como primo y como hermano. Siguió una pausa, durante la cual la tÃa Juana apareció en el otro cuarto, trayendo una bandeja suntuosamente preparada para la cena del enfermo, pues era ésta una tarea en la cual no permitÃa intromisiones.
—Si tienes un minuto antes de marcharte, hija mÃa —dijo la señora Juana, mientras untaba un panecillo con manteca, adoptando para ello una pose señorial y al tiempo en que Mac derramaba té sin que nadie le dijese una palabra—,trata de hacerle otra visera, ya que ésta se ha manchado de zarzamora y es necesario esté bien limpio, pues mañana va a poder salir si el dÃa es nublado.
—Bueno, tÃa —contestó Rosa con tanta humildad que a los chicos costó trabajo admitir que aquélla era la misma voz enojada de pocos minutos antes, cuando les ordenó enérgicamente que se marchasen de allÃ.