Ocho primos
Ocho primos Jamie y Pokey fueron alistados inmediatamente en la Infantería Ligera del Rinconcito Agradable, compañía realmente soberbia, compuesta únicamente de oficiales que llevaban, todos ellos, sombreros de tres picos echados, banderas, espadas en alto o tambores. Era un espectáculo como para conmover al más inconmovible el de ver a aquella patrulla marcial marchando en perfecta formación por el patio y salir de él comandados por el Capitán Dove, un chicuelo pomposo, de cabeza grande, que tenía once años de edad, que impartía con la gravedad de un general verdadero todas aquellas órdenes, obedecidas por su falstáfico ejército con más sumisión que pericia. Los pequeños Snow se portaron muy bien, y el teniente Jack Dove era digno de verse, no menos que el tambor Frank, mandadero de la casa mientras rataplaneaba con toda la fuerza de su corazón y sus palillos. Jamie había hecho instrucción con anterioridad, y fue ascendido a coronel en el acto; pero Pokey fue la mejor de todos y provocó una ovación entusiasta y espontánea de los espectadores cuando apareció en la retaguardia con el sombrero de tres picos caído sobre un ojo, la bandera apoyada en un hombro y su espada de madera bien levantada. Tenía la cara sonriente y los rizos se le balanceaban gozosos al tiempo en que sus piernas se movían con esfuerzo, en el vano intento de marcar el paso varonilmente.