Ocho primos
Ocho primos Y en aquel instante ambos, muy acompasados y ceremoniosos, se fueron marchando militarmente, al tiempo en que el pequeño Jamie inquirÃa con infantil soltura:
—¿Me has traÃdo algo lindo?
—SÃ, mucho dulce contestó. Rosa, oÃdo lo cual Jamie se le trepó en las rodillas, estampándole en las mejillas un beso sonoro y anunciando a voz en cuello que la querÃa muchÃsimo.
Este procedimiento sorprendió un tanto a Rosa, pues los otros chicos miraban y reÃan, y en su turbación dijo apresuradamente al pequeño usurpador:
—¿Has visto el circo?
—¿Dónde? ¿Cuándo? —preguntaron todos a uno, rebosantes de entusiasmo.
—Pasó justo antes de que ustedes llegaran. Por lo menos, pensé que serÃa un circo, pues vi un carro negro y rojo y un montón de caballitos, y…
No siguió, pues la griterÃa general le forzó a detenerse, y Archie explicó en mitad de sus risas:
—Era nuestro nuevo cochecito y las jacas de Shetland. Vas a tener que ver más veces ese circo, mi estimada prima.
—Pero habÃan muchos, corrÃan velozmente, y el carro era muy rojo —balbuceó Rosa, procurando enderezar su error.