Ocho primos

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De sobra está dicho que el tío la salvó; y cuando se sintió protegida por su fuerte brazo, confesó su locura con tanta humildad que los muchachos, después de haberse reído un rato, decidieron perdonarla y declarar que la culpa era íntegramente de Annabel, la tentadora. Hasta el propio doctor Alec se aplacó al extremo de proponer dos pendientes de oro para las orejas en vez de una anilla de cobre en la nariz; temperamento que vino a demostrar cómo, si bien Rosa tenía todas las debilidades naturales de su sexo en lo tocante a joyas, él tenía la inconsistencia del suyo en cuanto a conceder a una hermosa penitente lo mismo que la penitente deseaba, pese a que su buen juicio le decía lo contrario.











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