Ocho primos
Ocho primos —No recordaba que usted no nos oyó hablar en Rinconcito Agradable. SolÃamos sentarnos a coser debajo de los pinos y charlábamos mucho —las mujeres, por supuesto—; y a mà me gustaba sobremanera. Mamá Atkinson era de opinión que todas debemos tener oficio, o alguna manera de ganarnos la vida, porque los ricos pueden empobrecerse y los pobres no tienen más remedio que trabajar. Sus hijas eran muy mañosas y sabÃan hacer de todo; y la tÃa Jessie decÃa que la señora tenÃa razón. De modo que cuando vi todo lo dichosas e independientes que eran aquellas chicas, sentà deseos de tener un oficio; claro que el dinero no es lo importante, aunque me gusta mucho tener el que necesito.
El doctor Alec escuchó esta explicación con una curiosa mezcla de sorpresa, placer y esparcimiento reflejada en su rostro, y miró a la niña, pensando que de pronto se hubiese transformado en toda una señorita. HabÃa crecido mucho esos últimos seis meses y aquella cabecita habÃa pensado tantas cosas que cualquiera, al conocer el detalle, no hubiera podido menos de extrañarse, pues Rosa era de esas chicas que miran y meditan y de cuando en cuando dejan atónitos a sus mayores con una observación sagaz o curiosa.