Ocho primos

Ocho primos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No recordaba que usted no nos oyó hablar en Rinconcito Agradable. Solíamos sentarnos a coser debajo de los pinos y charlábamos mucho —las mujeres, por supuesto—; y a mí me gustaba sobremanera. Mamá Atkinson era de opinión que todas debemos tener oficio, o alguna manera de ganarnos la vida, porque los ricos pueden empobrecerse y los pobres no tienen más remedio que trabajar. Sus hijas eran muy mañosas y sabían hacer de todo; y la tía Jessie decía que la señora tenía razón. De modo que cuando vi todo lo dichosas e independientes que eran aquellas chicas, sentí deseos de tener un oficio; claro que el dinero no es lo importante, aunque me gusta mucho tener el que necesito.

El doctor Alec escuchó esta explicación con una curiosa mezcla de sorpresa, placer y esparcimiento reflejada en su rostro, y miró a la niña, pensando que de pronto se hubiese transformado en toda una señorita. Había crecido mucho esos últimos seis meses y aquella cabecita había pensado tantas cosas que cualquiera, al conocer el detalle, no hubiera podido menos de extrañarse, pues Rosa era de esas chicas que miran y meditan y de cuando en cuando dejan atónitos a sus mayores con una observación sagaz o curiosa.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker