Ocho primos
Ocho primos —¿Qué tal, pequeña? —preguntó el prÃncipe, acercándose muy arrebolado y sin resuello, después que el ballet tocó a su fin.
—¡Espléndido! —dijo Rosa, sonriendo a sus parientes como una reina a sus vasallos—. No he ido al teatro más que una vez, y aquel baile no tuvo ni punto de comparación con éste. ¡Qué inteligentes deben ser ustedes!
—Formamos un conjunto ideal, y eso que estamos en el comienzo de la parranda. No tenemos las gaitas, pues de tenerlas:
RegalarÃamos tus oÃdos,
princesa mÃa con una dulce melodÃa.
Esto lo dijo Carlos, muy orgulloso por el elogio.
—Ignoraba que fuésemos escoceses —dijo Rosa, empezando a sentirse como si hubiese dejado América detrás suyo—; papá no me dijo nada de eso, con la única excepción de hacerme cantar viejas baladas.