Ocho primos
Ocho primos —Esto les da a los chicos ideas tan equivocadas de la vida y el trabajo, les enseña tantas cosas vulgares y dañinas que para ellos son innecesarias y convierten en desideratum del éxito conseguir una fortuna, la hija de un gran señor o cualquier honor mundano que no vale el esfuerzo exigido. Se me ocurre que alguien deberÃa escribir relatos que sean plenos de vida, naturales y útiles, cuentos en que el inglés sea gramatical, la moral pura, y los caracteres tales como nosotros podemos amar, a pesar de los defectos que todos deben tener. Yo no puedo ver en las bibliotecas esas muchedumbres de niños que leen ávidamente esas porquerÃas; libros débiles, cuando no perversos, e incapaces de fortalecer las mentes hambrientas que se tiran sobre ellos como lobos, sólo porque no tienen nada mejor. En fin… he concluido mi sermón; ahora me gustarÃa conocer la opinión de los caballeros —concluyó diciendo la tÃa Jessie, un poco arrebatada por un entusiasmo que tenÃa mucho de maternal ansiedad.
—Tom Brown está muy bien para mamá, y para mà también; yo quisiera que el señor Hughes escribiese otra historia como ésa —dijo Archie.
—No encuentras cosas como éstas en Tom Brown, pero estos libros están en todas las bibliotecas dominicales —y la señora Jessie leyó el párrafo siguiente, del libro que acababa de tomar de la mano de Will: