Ocho primos
Ocho primos «En este lugar vimos un diente de San Juan Bautista. Ben dijo que tenÃa pegados unos trocitos de algarrobo y un poco de miel. Yo no lo vi. Tal vez Juan usó un pedazo de la cruz como escarbadientes».
—Bueno, mamá, el que dice eso es un chico muy bromista. Nosotros saltamos las cosas que ven en los distintos paÃses —explicó Will.
—Pues esas descripciones, casi todas tomadas de guÃas de viajero, son las únicas partes que valen algo. Las andanzas de los chicos malos forman el resto de la historia, según creo —expresó la madre, echando hacia atrás el cabello de la carita honesta que miraba tan ridÃculamente vergonzosa al escuchar sus manifestaciones.
—De todos modos, mamá, la parte del barco es útil, pues aprendemos navegación y a su tiempo estará bien si llegamos a embarcarnos —intervino Geordie.
—Muy bien; me gustarÃa que me explicases esta maniobra —y la señora Jessie leyó en otra página la siguiente descripción náutica:
«Sopla viento sud—sud—oeste, y podemos enderezar el barco cuatro puntos más al viento y con ello seguirá en bolina de seis puntos. Mientras orza podremos ocuparnos del trinquete y la mayor, ceñir un poco menos y accionar las escotas de barlovento».