Ocho primos
Ocho primos —Debes ayudarla a hacer de ellos lo que deben ser —dijo a su vez el doctor Alec, mirándola extasiado—. Ya has empezado, y viendo el sitio en que se encuentran los pendientes, debo declarar que mi sobrina está mil veces más hermosa que si en sus orejas brillaran diamantes.
—Me alegra mucho que me crea capaz de hacer tanto, pues me perezco por ser útil, ya que todos son tan buenos conmigo, y en especial la tÃa Jessie.
—Te veo en buen camino y tengo confianza en que pagarás tu deuda, Rosa, pues cuando las niñas dejan sus pequeñas vanidades, y los niños sus pequeños vicios, y procuran fortalecerse mutuamente en el bien, las cosas salen como deben salir. Trabaja, querida, y ayuda a la madre a lograr que sus hijos sean buenos amigos de una criatura noble como tú se harán mucho más hombres.